LECTURA POLÍTICA

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Noé Mondragón Norato

Aguas del mismo venero

La próxima elección de gobernador estaría arrojando un escenario realmente sombrío e incierto para los guerrerenses. Por un lado, aparece un candidato del Morena que, pese a su oscuro triunfo en la encuesta interna de ese partido, no aclara su situación legal ante las denuncias por abuso sexual que fácilmente califica de “guerra sucia”. Y por el otro, el candidato de la alianza PRI-PRD Mario Moreno, cuyo discurso no convence y tiene encima, además, muchos lastres que no se quitará con facilidad. Pero gracias a los pasivos de Félix Salgado, se está metiendo a la competencia electoral remando contra los indicadores y contra las percepciones triunfalistas adelantadas. Basta con ver la trama.

SIMULACIÓN CONTRA REALIDAD. – En términos de resultados, el populismo no los garantiza. Porque prevalece la corrupción de los hombres considerados por la efímera efervescencia del momento, como “salvadores” de un entorno social viciado y contaminado profundamente por prácticas en donde reina la complicidad, como prolongación de la impunidad. Y la pregunta por obvia, es redundante: ¿qué cambió con la alternancia en el gobierno estatal cuando el ex perredista Zeferino Torreblanca desplazó en la elección de 2005, —portando un alto nivel de popularidad—, al PRI y a su candidato y actual gobernador, Héctor Astudillo? ¿Se redujo la pobreza y el analfabetismo? ¿Creó los empleos que demandaba la población? ¿Ventiló la corrupción de la administración priista de René Juárez? ¿Diseñó portales de transparencia para dar a conocer a los ciudadanos cómo y de qué manera aplicó su gasto? No pasó nada. Era el mismo perro, pero con distinto collar. Igual ocurre ahora. Se lee así: 1.- Si de resultados se trata, el candidato del Morena, Félix Salgado, está reñido con ellos. Su paso por la alcaldía de Acapulco —a diferencia de Zeferino Torreblanca que, con su desempeño como autoridad municipal, se ganó el boleto para contener y ganar la gubernatura— se midió con la entrega al PRI de dicha alcaldía en la elección de 2008. Prometió cinco cosas y ninguna cumplió: medidas económicas para incentivar la actividad turística del puerto; empleo a madres solteras y viudas; a los alumnos pobres y con mejores promedios en la UAGro les ofreció becas; a los campesinos del Acapulco rural les aseguró interceder para que las grandes cadenas comerciales “abran sus puertas a los productos del campo generados en el puerto”. Y a los grandes inversionistas, facilidades para construir hoteles de cinco estrellas. Prometió y no empobreció. Pero aniquiló al PRD como opción de continuidad en el gobierno municipal. Si existe algo que se debe valorar, son los resultados de los candidatos a gobernador. Porque la efervescencia del momento, impide ver con frialdad, las catástrofes del futuro. 2.- Teniendo como aliados la dádiva y las prácticas clientelares y corporativas del PRI decimonónico, Mario Moreno logró hacerse de un capital y una base electoral en la zona centro de la entidad, que lo catapultó a ganar cinco elecciones de manera casi consecutiva. Pero también es real que no ha participado en una elección abierta desde el 2012 cuando ganó la alcaldía de la capital. Lleva nueve años sin competir, contra diez de Félix Salgado que fue sacado de su letargo político en 2018. El slogan de su campaña “Respeto por Guerrero” resulta hasta cierto punto una especie de boomerang: se le regresa de inmediato. Porque si hay alguien que le ha faltado el respeto a muchas mujeres no es solo Félix Salgado, sino el propio gobernador Héctor Astudillo, que se ha negado a entregar resultados convincentes a sus gobernados. Maneja a discreción la aplicación de los presupuestos públicos. Sin ningún órgano que, en realidad, lo fiscalice. Y si el Toro Cercado llega como gobernador, tampoco le esculcará los bolsillos. Por acuerdos políticos inconfesables. Así, ni Mario ni Félix garantizan un cambio profundo en las relaciones de poder. Ni en el combate real a la corrupción. Son aguas del mismo venero.

HOJEADAS DE PÁGINAS…Justificando su propio servilismo, el dirigente nacional del Morena, Mario Delgado Carrillo, admitió haber dejado fuera de la segunda encuesta al empresario Luis Walton y a la ex perredista Beatriz Mojica. “No se vale patear la puerta y luego querer volver a entrar”, dijo de Walton. Y de Beatriz, asumió como su principal lastre —y es donde le asiste la razón—, haber jugado con Ricardo Anaya en la elección presidencial de 2018. La pregunta es: ¿por qué no les cerraron la puerta desde el principio y se las abrieron dándoles falsas esperanzas? ¿Es esa la democracia abyecta y simulada del Morena? ¿Cuál será el costo político?

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